Se levantó llena de energía. Todo estaba saliendo bien. No existía ningún plan, solamente con concentrarse creó el big bang, solamente con apretar una nube de gas y había creado un precioso sistema solar. Ceres se le había estropeado un poco, pero a cambio sus lágrimas habían producido satélites. Al final el azar la había favorecido. Iría a ver de nuevo aquel rincón tan peculiar, en el que había dos planetas que le habían parecido interesantes. Marte y Tierra. Eran ideales, ni demasiado fríos ni demasiado calientes, algo pequeños, pero aquel no era un experimento con grandes pretensiones, era casi una obra de teatro, iba a jugar a crear vida. En el último universo había usado el silicio, esta vez usaría un material más ligero, tal vez carbono, tenía todo el día para decidirlo. El carbono daba mucho juego, podía crear muchos compuestos con enlaces covalentes, si se combina con hidrógeno, oxígeno y nitrógeno... no pensaría más en la química de la vida. Dejaría que su propio ADN se ocupara de eso, un poco de componente estocástico y el espectáculo estaba servido.
Miró ambos planetas. La Tierra estaba en plena actividad volcánica. El día anterior olvidó soplar para que se fuera enfriando. Así que sopló aire gélido sobre la Tierra, y observó como poco a poco los volcanes se iban apagando. Miró a Marte, era un planeta muy oxidado, demasiado frío, solo tenía una gota para intentar el milagro, así que volvió a soplar sobre la Tierra. Aquel sitio era ideal. había un montón de agua por todos sitios, allí cuajaría la vida, una vida basada en el carbono, creada con su propia información genética, la doble hélice estaría presente en todas sus formas. Puso sus pies sobre la corteza de ese pequeño rincón de su universo, sacó un alfiler y se pinchó un dedo. Una pequeña gota de su sangre de diosa salió de su piel y cayó a una charca poco profunda, el milagro estaba punto de ocurrir.
Su ADN se deshizo en el agua, las radiaciones ultravioletas se encargaron de disgregarlo. La capa de ozono aún era demasiado fina para filtrarlas, algo tendría que hacer con eso. Era complicado crear vida si los nucleótidos y los ácidos nucleicos se rompían y se desordenaban constantemente. La información para la vida era fundamental, no había forma de crear proteínas si no llevaban un orden lógico. Se hizo muy pequeña, para observar de cerca qué estaba ocurriendo. Vio como parte de sus células se deshacían y sus mitocóndrias mutaban convirtiéndose en los primeros organismos procariotas. ¡ Bien !- pensó la Diosa, la diversidad biológica estaba servida. Cogió parte de estos primeros seres vivos y los esparció por el mundo. Rápidamente se estaban creando miles de especies de bacterias y también de organismos unicelulares eucariotas. Alguno de ellos era verde y usaba la energía que les proporcionaba de su pequeña estrella Sol, mientras que otros tomaban su energía de su entorno. A mediodía del tercer día empezaron a aparecer los organismos pluricelulares, y pudo ver ilusionada como una niña, como estos diferenciaban sus células y se convertían en minúsculos animales y minúsculas algas. Como los estomatolitos se fosilizaban en aguas poco profundas. Las algas expulsaban oxígeno y este se iba convirtiéndose en ozono, que filtraba las radiaciones. Aun así la vida se abrió paso en todas las formas imaginables. Le faltaban ojos para contemplar los cambios que se estaban produciendo en las aguas de dentro y fuera de Pangea. Y la vida pasó también al mar. Si se detenía a mirar una esponja aparecían mientras un par de especies nuevas de trilobites, aquello era de locos. Si la formación de su universo había sido un espectáculo de luces, la de la vida en ese roca orbitando alrededor de una estrella pequeña, era un espectáculo de formas. Su información genética en esas condiciones estaba dando resultados asombrosos. Todo lo que se estaba creando era increíblemente diverso, toda la vida bullía en la parte azul del planeta, pero tierra firme era estéril y aburrida. La atmósfera y la tierra firme parecía una barrera infranqueable para esa vida que se desarrollaba con una energía y crueldad sin límites dentro del agua. Había demasiado espacio desaprovechado, habría que hacer algo con él. Entonces movió Pangea hacia el sur, esta se rompió y de un continente muy grande se crearon dos. Gondwara fue hacia el sur a la deriva y el planeta se enfrió. Y toda aquella expansión casi histriónica fue decayendo. Cientos de especies empezaron a morir en masa, pero la Diosa no hizo nada para evitarlo. Estaba terminando el día y éste había sido muy intenso, estaba cansada y su trabajo por ese día había concluído, no haría nada de momento. Mañana observaría que había ocurrido durante la noche. Aún quedaban miles de especies llevando su doble hélice en cada una de sus células. Y así fue como el tercer día, la Diosa creó la vida en el planeta Tierra.
sábado, 8 de noviembre de 2014
viernes, 31 de octubre de 2014
Génesis II. El sistema solar
Se levantó de un humor excelente. Había soñado con su creación. Sus hermanos ya no se reirían de sus fracasos, esta vez iba a conseguir algo de lo que sentirse orgullosa. Cuando todo esto estuviera acabado les llamaría para enseñárselo. Su universo esta vez no tendría nada que envidiar los maduros, aburridos y ordenados de sus hermanos, ni siquiera a los alegres y vacíos universos de sus padres. No habían creído en ella, pero ahora tendrían que hacerlo. Miró de nuevo su obra y sonrió satisfecha. Elegiría una nube de gas para seguir dándole forma. Sopló sobre varias que tenía cerca, que se arremolinaron en forma de espiral. No, esas no las quería, no iba a plantearse si por capricho o mera intuición. Siguió buscando hasta que encontró una nube de tamaño mediano que empezaba a generar por si sola sus puntos brillantes. Estaba suficientemente lejos de la mayoría de la antimateria y de los agujeros negros; esa nube podía valer. No le gustaban los agujeros negros, eran excesivamente voraces, inmisericordes, podían hacer desaparecer cualquier cosa, hasta el tiempo se ralentizaba en su vórtice y se detenía dentro de ellos. Tampoco había gusanos de tiempo cerca, le desagradaba la idea de molestarse en crear algo para tener que buscarlo por las coordenadas espacio-tiempo.
Se acercó a la nube elegida, estaba caliente y emitía luces rosadas. La cogió con su mano y se le deshizo en dos patas. Tiene buena pinta, pensó. Cogió una de las ramas y aplastó un trozo con fuerza mientras soplaba aliento sobre ella. De su mano surgió un precioso sistema planetario. La estrella central le había quedado un poco pequeña, pero podría valer como experimento, contó el número de planetas que orbitaban a su alrededor, diez, un buen número, el mismo que el de los dedos de sus manos. No sabía si la masa rocosa del fondo lo podría considerar como algo. Tampoco estorbaba, lo dejaría allí. Diez, los suficientemente pocos como para no tener que buscar en demasiados sitios para encontrar el idóneo, habría alguno lo suficientemente frío y lo suficientemente caliente. Tal vez tendría que colocar un poco las órbitas. Podría colocarlas con alguna proporción matemática, otras veces había elegido una ecuación muy simple a=0,4+0,3k, se adaptaba perfectamente a las leyes gravitatorias. Si no funcionaba lo único que tendría que hacer es comenzar el experimento de nuevo. No había prisa, tenía un precioso universo lleno de gas y de energía para crear un lugar idóneo para esa criatura con quien estaba soñando… bien, ya quedaba menos. Las órbitas eran elípticas, las ideales, quería proporcionar a esos nuevos mundos un componente estocástico. A pesar de ser matemática y arquitecto, le apasionaba el método científico, prueba-error, eso es lo que la llevó a diseñar el espectro lumínico, y las radiaciones gamma, bueno, no siempre todo salía a pedir de boca.
La estrella le había quedado pequeña, pero aquel era un experimento sin grandes pretensiones, un boceto para divertirse un rato. En los otros sistemas planetarios las órbitas terminaban colapsando, estas tenían las ventaja de ser elípticas, empezó a colocarlas, sería sencillo. A la estrellita que se quedó en el centro la llamó Sol, era demasiado pequeña para darle un nombre más largo, con ese nombre tendría suficiente. El primer planeta estaba bien colocado, se alegro de no tener que moverlo, era pequeño pero tenía pinta de estar demasiado caliente. Caliente como el mismo infierno. Tenía que poner un nombre a esa pequeña masa casi incandescente. Se acordó de su primo Mercurio, al que le encantaba ir y venir de su casa a las puertas del Aberno, ese era un buen nombre, su primo era también corto de talla. Y así fue como el planeta más cercano al sol fue llamado Mercurio.
Agarró el siguiente planeta y lo juntó un poco a Mercurio. De inmediato su agua se evaporó y creó una atmósfera blanca llena de nubes. El planeta dejó de ser una roca orbitando alrededor del sol para convertirse en un algodón, algo suave, amoroso, blanco... Los primeros planetas habían sufrido mucho presión bajo su mano, por eso eran planetas rocosos, pero a los últimos los había aplastado menos y se habían convertido en planetas gaseosos, mucho más grandes. Miró con cariño ese pequeño planeta rocoso convertido en algodón de azúcar puesto en su órbita definitiva. Estaba demasiado cerca del sol. Un nombre surgió de su cabeza, lo llamaría Venus, como su compañera de colegio. Aquella niña de aspecto delicado y corazón duro que tantos ratos la había acompañado de camino a casa. Venus era un buen nombre, sería su pequeño homenaje a su amiga de la infancia.
Continuó su camino por sus planetas y llegó a encontrarse con una masa rocosa no excesivamente grande y de colores pardos y blancos, se encontraba demasiado lejos del sol, ajustó la órbita a su ecuación y el planeta se transformó, de su superficie surgieron volcanes que llenaron el cielo de fuegos artificiales y se formó una gigantesca charca de agua. El planeta quedó en dos colores, el rojo intenso del magma y el azul relajante del agua. Diosa quedó mirando su obra, aquel planeta bicolor podría servirla, pero eso sería más tarde, tendría que enfriarse un poco. Ahora era fundamental ajustar las órbitas de todos aquellos astros y había perdido mucho tiempo en los primeros, tenía que darse prisa.
Se fijó en el cuarto, era un planeta rojo, muy parecido de tamaño al anterior, también podría ser un buen candidato para su obra. Así fue ajustando órbitas y dando nombre a todos los planetas. Tierra, Marte, Ceres, Júpiter,Saturno, Urano, Neptuno, y terminó con un pequeñó planetoide sin ninguna transcendencia al que llamó Plutón. Se entretuvo un rato creando un anillo alrededor de Saturno, por el simple hecho de hacer algo distinto, de hacer una diferencia en sus planetas grandes.
Observó el movimiento de su nueva creación, y se dió cuenta que la órbita de Ceres se había vuelto irregular y que se iba a chocar con Marte. Oh no !! había perdido demasiado tiempo creando un anillo que no servía de nada y ahora todo podía colapsarse. Corrió hacia Ceres, lo agarró con su mano, con tanta fuerza que el planeta saltó en mil pedazos, que siguieron orbitando como si nada hubiese ocurrido. Acababa de romper la sintonía del sistema. Lloró de rabia y sus lágrimas cayeron en el sistema y se convirtieron en satélites, su última lágrima la movió con cariño al planeta bicolor y de inmediato se puso a orbitar alredor, como una pequeña perla blanca en medio del vacío. Así fue como el segundo día Diosa creó el Sistema Solar.
Se acercó a la nube elegida, estaba caliente y emitía luces rosadas. La cogió con su mano y se le deshizo en dos patas. Tiene buena pinta, pensó. Cogió una de las ramas y aplastó un trozo con fuerza mientras soplaba aliento sobre ella. De su mano surgió un precioso sistema planetario. La estrella central le había quedado un poco pequeña, pero podría valer como experimento, contó el número de planetas que orbitaban a su alrededor, diez, un buen número, el mismo que el de los dedos de sus manos. No sabía si la masa rocosa del fondo lo podría considerar como algo. Tampoco estorbaba, lo dejaría allí. Diez, los suficientemente pocos como para no tener que buscar en demasiados sitios para encontrar el idóneo, habría alguno lo suficientemente frío y lo suficientemente caliente. Tal vez tendría que colocar un poco las órbitas. Podría colocarlas con alguna proporción matemática, otras veces había elegido una ecuación muy simple a=0,4+0,3k, se adaptaba perfectamente a las leyes gravitatorias. Si no funcionaba lo único que tendría que hacer es comenzar el experimento de nuevo. No había prisa, tenía un precioso universo lleno de gas y de energía para crear un lugar idóneo para esa criatura con quien estaba soñando… bien, ya quedaba menos. Las órbitas eran elípticas, las ideales, quería proporcionar a esos nuevos mundos un componente estocástico. A pesar de ser matemática y arquitecto, le apasionaba el método científico, prueba-error, eso es lo que la llevó a diseñar el espectro lumínico, y las radiaciones gamma, bueno, no siempre todo salía a pedir de boca.
La estrella le había quedado pequeña, pero aquel era un experimento sin grandes pretensiones, un boceto para divertirse un rato. En los otros sistemas planetarios las órbitas terminaban colapsando, estas tenían las ventaja de ser elípticas, empezó a colocarlas, sería sencillo. A la estrellita que se quedó en el centro la llamó Sol, era demasiado pequeña para darle un nombre más largo, con ese nombre tendría suficiente. El primer planeta estaba bien colocado, se alegro de no tener que moverlo, era pequeño pero tenía pinta de estar demasiado caliente. Caliente como el mismo infierno. Tenía que poner un nombre a esa pequeña masa casi incandescente. Se acordó de su primo Mercurio, al que le encantaba ir y venir de su casa a las puertas del Aberno, ese era un buen nombre, su primo era también corto de talla. Y así fue como el planeta más cercano al sol fue llamado Mercurio.
Agarró el siguiente planeta y lo juntó un poco a Mercurio. De inmediato su agua se evaporó y creó una atmósfera blanca llena de nubes. El planeta dejó de ser una roca orbitando alrededor del sol para convertirse en un algodón, algo suave, amoroso, blanco... Los primeros planetas habían sufrido mucho presión bajo su mano, por eso eran planetas rocosos, pero a los últimos los había aplastado menos y se habían convertido en planetas gaseosos, mucho más grandes. Miró con cariño ese pequeño planeta rocoso convertido en algodón de azúcar puesto en su órbita definitiva. Estaba demasiado cerca del sol. Un nombre surgió de su cabeza, lo llamaría Venus, como su compañera de colegio. Aquella niña de aspecto delicado y corazón duro que tantos ratos la había acompañado de camino a casa. Venus era un buen nombre, sería su pequeño homenaje a su amiga de la infancia.
Continuó su camino por sus planetas y llegó a encontrarse con una masa rocosa no excesivamente grande y de colores pardos y blancos, se encontraba demasiado lejos del sol, ajustó la órbita a su ecuación y el planeta se transformó, de su superficie surgieron volcanes que llenaron el cielo de fuegos artificiales y se formó una gigantesca charca de agua. El planeta quedó en dos colores, el rojo intenso del magma y el azul relajante del agua. Diosa quedó mirando su obra, aquel planeta bicolor podría servirla, pero eso sería más tarde, tendría que enfriarse un poco. Ahora era fundamental ajustar las órbitas de todos aquellos astros y había perdido mucho tiempo en los primeros, tenía que darse prisa.
Se fijó en el cuarto, era un planeta rojo, muy parecido de tamaño al anterior, también podría ser un buen candidato para su obra. Así fue ajustando órbitas y dando nombre a todos los planetas. Tierra, Marte, Ceres, Júpiter,Saturno, Urano, Neptuno, y terminó con un pequeñó planetoide sin ninguna transcendencia al que llamó Plutón. Se entretuvo un rato creando un anillo alrededor de Saturno, por el simple hecho de hacer algo distinto, de hacer una diferencia en sus planetas grandes.
Observó el movimiento de su nueva creación, y se dió cuenta que la órbita de Ceres se había vuelto irregular y que se iba a chocar con Marte. Oh no !! había perdido demasiado tiempo creando un anillo que no servía de nada y ahora todo podía colapsarse. Corrió hacia Ceres, lo agarró con su mano, con tanta fuerza que el planeta saltó en mil pedazos, que siguieron orbitando como si nada hubiese ocurrido. Acababa de romper la sintonía del sistema. Lloró de rabia y sus lágrimas cayeron en el sistema y se convirtieron en satélites, su última lágrima la movió con cariño al planeta bicolor y de inmediato se puso a orbitar alredor, como una pequeña perla blanca en medio del vacío. Así fue como el segundo día Diosa creó el Sistema Solar.
domingo, 26 de octubre de 2014
Génesis I. El nacimiento del Universo
Estaba sola y aburrida, llevaba así algún tiempo. Su última obra tampoco le había satisfecho, se sentía una arquitecto frustrado. Llevaba demasiado tiempo creando y destruyendo mundos que no terminaban de gustarle. Ahora nada existía, nadaba en el cero absoluto, las luces, las formas y los sonidos de su último experimento ya sólo sobrevivían en su cabeza. Era una buena matemático, lo único que había necesitado era juntar materia y antimateria, el resultado había sido el mismo que el de otras veces, no había desechos, simplemente todo desaparecía. Se preguntó si no era excesivamente exigente consigo misma o demasiado caprichosa y estricta con sus creaciones. Se concentró y de su mano salió luz azul. Volvería a ocurrir, un nuevo universo estaba a punto de surgir de su energía. Miró fijamente la luz que empezó a concentrarse en un punto incandescente, su pensamiento se estaba convirtiendo en energía y la energía en materia, esta vez todo saldría bien. Dio la vuelta a su mano y el punto luminoso saltó de ella. Se sentó a esperar, tres, dos,… el punto cada vez más pequeño y brillante…uno cero, todo saltó por los aires, el big bang había comenzado. Ahora se empezaría a formar la materia de nuevo. Volvía a tener el problema de qué hacer con la antimateria, llevaba una eternidad intentando resolver el problema. Ya lo pensaría, era hora de disfrutar del espectáculo. El génesis, el principio, todo limpio, todo nuevo, todo por hacer, una experiencia excitante para su mente imaginativa. Los colores eran brillantes, se estaban formando nubes de gases en medio de un espectáculo trepidante de luz y sonido de luz y sonido. Un pase privado solo para sus ojos, millones de años después alguien se volvería loco imaginando como fue. Empezó a canturrear, y la vibración de su voz aglutinó los gases que se convirtieron en planetas y estrellas. Pondría la antimateria donde no molestara, tal vez tendría que volverla a utilizar como tantas otras veces, para no dejar residuos.
Un caleidoscopio de colores y formas. La luz la inventó diez universos anteriores, la consideraba su mayor creación, lo de las longitudes de onda había sido todo un acierto, podía sentarse a admirar un espectáculo que antes se le antojaba soso y aburrido. Había tanto por ver que no daba abasto en fijar en su retina tanta belleza, en cualquier sitio que mirara podía ver las nubes de gases en espiral que empezaban a moverse y convertirse en millones de puntos luminosos. Tendría que elegir una, solo una. La última vez se había dedicado a crear en muchas y había sido una locura, excesivo trabajo para tan poca recompensa. Esta vez sería distinto. Ya no podía ver hasta donde su punto incandescente se había expandido. Estaba agotada y se fue a dormir. Así fue como el primer día Diosa creó el universo.
Un caleidoscopio de colores y formas. La luz la inventó diez universos anteriores, la consideraba su mayor creación, lo de las longitudes de onda había sido todo un acierto, podía sentarse a admirar un espectáculo que antes se le antojaba soso y aburrido. Había tanto por ver que no daba abasto en fijar en su retina tanta belleza, en cualquier sitio que mirara podía ver las nubes de gases en espiral que empezaban a moverse y convertirse en millones de puntos luminosos. Tendría que elegir una, solo una. La última vez se había dedicado a crear en muchas y había sido una locura, excesivo trabajo para tan poca recompensa. Esta vez sería distinto. Ya no podía ver hasta donde su punto incandescente se había expandido. Estaba agotada y se fue a dormir. Así fue como el primer día Diosa creó el universo.
sábado, 27 de septiembre de 2014
Los cócteles de Juanjo
Estamos ciegos demasiadas veces en la vida, miramos con indiferencia y lejanía a personas que terminan siendo importantes años después. Como privilegiada usuaria de las nuevas tecnologías, he logrado recuperar a personas que sufrieron mi ceguera en la adolescencia y ahora se han convertido en parte fundamental de mi vida. Es una alegría recibir los buenos días de personas que te conocieron antes de que los granos afloraran en tu cara y que aunque desaparecieran durante años, vuelven a irrumpir con fuerza en mi vida. Ese puede ser motivo del blog de otro día.
Juanjo es una de esas personas transparentes en mi anterior vida, pasó por el mismo colegio que yo, estudió en mi misma promoción, y se fue antes de que tuviera el privilegio de conocerlo. Estas son sus recetas, sus cócteles, lo único que hago es recopilarlos para que su buen hacer no se pierda. Va por tí y por todos mis excompañeros y presentes amigos.
Cóctel Tun Tun.
- 2 cl de ron blanco
- 3 cl de sirope de menta
- 2 cl de licor de avellana
- 3 cl de licor de chocolate
Agitar fuerte y decorar con una ramita de menta.
Julia Tonic
- 6 cl de Ginebra
- Rellenar con tónica
- Un chorrito de bitter kas
Todo en copa fría con mucho hielo y aromatizado exprimiendo una piel de nararanja
Alexandra
- 4 cl de brandy
- 3 cl Licor de cacao
- 2 cl Nata líquida
- 1 cucharadita de azúcar
Mula Moscovita
- 6 cl de Vozca
- 9 cl de zumo de limón natural rebajado con agua ( al gusto )
- 2 cucharadas de azúcar o un chorro de jarabe de azúcar
Batir bien y servir con mucho hielo
- Rellenar con ginger ale
- Decorar con una corteza de pepino y una corteza de limón exprimida
( Cuentas las malas lenguas, que lo de Mula es porque este cóctel lo inventó el dueño del restaurante La Mula de Hollywood, al mezclar los ingredientes que vendía en su local, en los años 40)
Mint Julep
- Un vaso de whisky lleno de hielo picado frappé
- 2 cucharadas de azúcar
- 6 cl de Bourbon o de whisky escocés
- Unas hojas de menta fresca
- Un chorrito de zumo de limón
Preparar directo en el vaso, remover bien.
- Decorar con ramita de menta y tomar bien frío
Nos ha prometido más, así que os iré informando.
Juanjo es una de esas personas transparentes en mi anterior vida, pasó por el mismo colegio que yo, estudió en mi misma promoción, y se fue antes de que tuviera el privilegio de conocerlo. Estas son sus recetas, sus cócteles, lo único que hago es recopilarlos para que su buen hacer no se pierda. Va por tí y por todos mis excompañeros y presentes amigos.
Cóctel Tun Tun.
- 2 cl de ron blanco
- 3 cl de sirope de menta
- 2 cl de licor de avellana
- 3 cl de licor de chocolate
Agitar fuerte y decorar con una ramita de menta.
Julia Tonic
- 6 cl de Ginebra
- Rellenar con tónica
- Un chorrito de bitter kas
Todo en copa fría con mucho hielo y aromatizado exprimiendo una piel de nararanja
Alexandra
- 4 cl de brandy
- 3 cl Licor de cacao
- 2 cl Nata líquida
- 1 cucharadita de azúcar
Mula Moscovita
- 6 cl de Vozca
- 9 cl de zumo de limón natural rebajado con agua ( al gusto )
- 2 cucharadas de azúcar o un chorro de jarabe de azúcar
Batir bien y servir con mucho hielo
- Rellenar con ginger ale
- Decorar con una corteza de pepino y una corteza de limón exprimida
( Cuentas las malas lenguas, que lo de Mula es porque este cóctel lo inventó el dueño del restaurante La Mula de Hollywood, al mezclar los ingredientes que vendía en su local, en los años 40)
Mint Julep
- Un vaso de whisky lleno de hielo picado frappé
- 2 cucharadas de azúcar
- 6 cl de Bourbon o de whisky escocés
- Unas hojas de menta fresca
- Un chorrito de zumo de limón
Preparar directo en el vaso, remover bien.
- Decorar con ramita de menta y tomar bien frío
Nos ha prometido más, así que os iré informando.
viernes, 26 de septiembre de 2014
¿ Es el mal necesario en nuestra vida ?
Cuando
un maestro enseña el concepto de las palabras antónimas, las
primeras que salen son blanco y negro, grande y pequeño, y sobre
todo, bueno y malo. La pregunta que podemos plantearnos es si la
bondad y la maldad son realmente dos conceptos abstractos tan
distintos o pertenecen a una misma realidad. ¿Son la maldad y la
bondad distintas caras de la moneda que el destino, o la vida, nos
lanza al aire?.
El
bien y el mal ha sido siempre una máxima, repetida una y otra vez,
en todas las culturas y todas las civilizaciones. Cuando Yavé creó
la arquitectura del universo, la más bella, pura y perfecta de sus
criaturas se reveló contra Él. Lucifer, el ángel de la luz, se
convirtió en el Señor de las tinieblas. ¿ Es el hombre bueno por
naturaleza y la sociedad la que le corrompe como pensaban los
ilustrados ?, ¿ hay bien en todo mal y mal en todo bien como piensan
en las culturas orientales?. La línea entre el bien y el mal es tan
tenue como la que existe entre el amor y el odio, otra de las
manifestaciones de la bondad y maldad en el género humano.
Es
nuestro complejo cerebro el que nos hace ser como somos, él inventó
nuestras culturas, nuestros comportamientos y nuestras sociedades.
Nunca llamaríamos malo a un león que devora a una gacela o que mata
a los cachorros de una leona para que ésta entre de nuevo en celo.
Nunca llamaríamos mala a una planta carnívora que espera
paciente al insecto que
necesita para sus ciclos metabólicos y mucho menos a la enrededera
que ahoga el árbol milenario. Sin embargo tildamos de malos cierto
tipo de comportamientos humanos, conceptualmente no tan distintos a
los de los animales. Nuestro cerebro no ha evolucionado en busca de
la verdad, ni del bien, ni del mal, nuestro cerebro ha evolucionado
en busca de la mera supervivencia, lisa y llanamente, la del
individuo que lo porta y la de sus genes. Si nuestros comportamientos
como especie son complejos, aun lo son más si nos miramos como
individuos. Dentro
de nosotros se encuentran conductas radicalmente distintas, podemos
sentir el altruismo de dar nuestra propia vida por los demás o ser
responsables de un genocidio, dentro de un mismo individuo pueden
unirse ambas pautas. Somos una especie atrapada en la dicotomía de
los extremos, el bien tirando de un lado de la soga y el mal
desde el otro, y la mayoría basculando entre estos comportamientos
tan dispares.
¿Es
necesario el mal para nuestra supervivencia?. Tal vez sí. Los
recursos son limitados y escasos y nuestra tendencia natural es
atesorarlos con voracidad sin darnos cuenta que no los necesitaremos
de manera eterna. Ese es otro de los espejismos del nuestro cerebro.
Sabemos racionalmente que estamos sólo de paso por la vida, pero la
fuerza de la supervivencia es tan fuerte que se nos olvida que no
somos eternos. El egoísmo es una característica tan humana como la
postura bípeda o los pulgares oponibles. Supervivencia y mal, dos
conceptos íntimamente fusionados. La bondad absoluta en nuestra
especie se paga con la muerte. Si nos quitamos el pan de la boca para
dárselo a otro, o trabajamos hasta la extenuación por los demás,
simplemente moriremos, y nuestros genes se extinguirán con nosotros.
Los
conceptos del bien y del mal no son inamovibles, en cualquier
coordenada espacio temporal que deseemos movernos podemos comprobarlo
sin ningún género de duda. Lo que hoy nos parece una abominación,
podemos justificarlo mañana bajo una máscara puramente racional,
diciendo la universal frase de ''se lo ha buscado''. No intentamos
entender las causas y circunstancias que han llevado a esa persona a
actuar de esa manera. Nuestro parcial punto de vista, es tan
irracional como universal. La vida nunca es sencilla para nadie,
aunque es cierto que para algunos es mucho más complicada que para
otros. La infancia no es siempre el mundo idílico que debería ser y
las experiencias por las que pasamos nos terminan marcando. Los niños
del tercer mundo portan metralletas , las niñas
cuidan de los hijos que han parido, fruto, en muchos casos, de
violaciones.
No se nos puede medir a todos bajo el mismo rasero aunque todos seamos igual de ''humanos''. Las experiencias de nuestra vida moldean nuestro cerebro como si fuera arcilla, hacen que lo que para algunos sean comportamientos injustificables, para otros tengan toda la legitimación. Necesitamos dormir tanto como comer, beber o respirar, es más, lo que de verdad necesitamos en entrar en sueño REM, la fase onírica del periodo en el que estamos dormidos, necesitamos soñar. Es difícil dormir pensando que somos monstruos, no importa que lo seamos o no, siempre necesitaremos pensar que no lo somos. Todo lo que hacemos en nuestra vida es justificable, por el bien de mis hijos, por el bien de la raza aria o por el bien de la humanidad. Nos engañamos, nos justificamos a nosotros mismos porque necesitamos dormir.
No se nos puede medir a todos bajo el mismo rasero aunque todos seamos igual de ''humanos''. Las experiencias de nuestra vida moldean nuestro cerebro como si fuera arcilla, hacen que lo que para algunos sean comportamientos injustificables, para otros tengan toda la legitimación. Necesitamos dormir tanto como comer, beber o respirar, es más, lo que de verdad necesitamos en entrar en sueño REM, la fase onírica del periodo en el que estamos dormidos, necesitamos soñar. Es difícil dormir pensando que somos monstruos, no importa que lo seamos o no, siempre necesitaremos pensar que no lo somos. Todo lo que hacemos en nuestra vida es justificable, por el bien de mis hijos, por el bien de la raza aria o por el bien de la humanidad. Nos engañamos, nos justificamos a nosotros mismos porque necesitamos dormir.
En las
guerras se fomentan, laurean y aplauden las mayores atrocidades que
se pueden cometer contra el género humano y nuestro maltratado
planeta. Espacio limitado y recursos limitados, se envían machos no
reproductores, sobrantes, a defender a machos y hembras
reproductores. O lo que es lo mismo, se envían al frente a los
pobres a defender las tierras de los ricos. Selección grupal lo
llaman algunos, atrocidades otros. No hay nada que una más a un
grupo que un enemigo común, hace que se olviden las nimias
diferencias que nos separan. Un concepto tan sencillo, y tan usado
para su provecho por unos cuantos a lo largo de la historia. ¿Son
las guerras maldad, o una forma de control de la población?. No nos
olvidemos que el género humano morirá de éxito, se extinguirá
porque se ha convertido en el rey de la creación. Antes o después
ocurrirá, lo único que el ser humano puede hacer es retrasar un
poco lo inevitable.
La
línea es más difusa si nos movemos por el tiempo. Desde el punto de
vista contemporáneo y occidental es una aberración no cuidar de
nuestros hijos, nada nos parece más digno de protección que las
criaturas que van a sustituirnos en el planeta. Pero no podemos
olvidar que a los niños débiles los despeñaban en Esparta y que
las tribus del norte hacían pasar una noche a la intemperie a los
recién nacidos. ¿Era eso maldad, o selección natural?. La
esclavitud, las conquistas, las poblaciones diezmadas o totalmente
aniquiladas, robos, asesinatos a sangre fría,
las vejaciones, secuestros y torturas, no fueron perpetradas por
monstruos sin corazón, sino por hombres y mujeres que amaban
a sus familias, a veces más que a su propia vida.
Así
que la próxima vez que nuestros hijos nos pregunten por un ejemplo
de antónimo, deberíamos pensar la respuesta.
Julia
Inés López Martín
Avila
3 de Agosto el2014
Y venía cantando.
Y venía
cantando. Subía la cuesta empinada con las albarcas llenas de polvo
y una sonrisa en su cara. El sol había dejado de ser un
inmisericorde disco blanco sobre su espaldas. Aparecía ahora rojizo
en el horizonte, cansado de un largo día. Más cansado aún que el
cuerpo de aquel hombre que había estado horas bajo él. Había
cumplido con su obligación, este año la cosecha era buena y podían
dar de comer pan a su familia. Sentía la satisfacción del trabajo
bien hecho. En casa le esperaba su esposa, con la cena cociendo en
la lumbre, la casa oliendo a humo y a sopas, y la misma sonrisa en la
cara que le enamoró de jóven. En breve le ayudaría su hijo. Era ya
casi un muchacho, jóven y fuerte, con los ojos de su madre y la
viveza que aquel que aún no conoce la maldad. Llevaba la nobleza
castellana impresa en su cara. La nobleza de sangre heredada y
transmitida desde que Castilla se forjó como pueblo. Donde la
palabra de un hombre está escrita en piedra y el orgullo es la más
estable de las monedas.
¡ Qué tierra
Castilla !. Como una madre austera cuidando de sus hijos. Pero no
había para sus ojos nada tan bello como el mar verde de los campos
de cereal en el mes de abril y el amarillo de julio. Nada como el
sonido del viento o las esquilas de las ovejas, como el ladrido del
perro del pastor o el sonido de los niños jugando en el río a
atrapar ranas. Aquellos olores, sabores, sonidos y paisajes que
hacían que por el camino viniera cantando. Y pasó por el río y vió
a las mujeres lavando y cuchicheando, e intentó captar su
conversación, pero no pudo. Ellas levantaron su cabeza, de se
masajearon los riñones y le saludaron a su paso. Cinco críos
revoltosos y chillones chapoteaban al lado de sus madres. Y pasó por
la fuente de camino a Zabarcos, y vió a las muchachas acarreando
cántaros de agua para sus casas. Apoyados en sus caderas caminaban
de dos en dos riendo alegres, tapadas, muy tapadas, tanto por pudor
como para que el leve sol que aún lucía en el cielo, no estropeara
sus blancos rostros. Su imaginación voló años atrás, cuando de
muchacho esperaba a su novia para subir ese cántaro y poder
hablarla de amor mientras la acompañaba a casa de sus padres,
andando muy despacio, alargando aquel momento feliz de encontrarse
con aquella chica que le robaba el sueño. Cosechas habían pasado
desde entonces, pero era la misma fuente, testigo mudo de las
palabras más dulces y las miradas más ardientes.
Y venía
cantando, y cambió de canción, para unirse a otras voces que como
la suya, buscaban la paz en su hogar, en donde se sentían los amos
de sus vidas.
Y no cantaba.
Fichó, fue hacia el parking de la empresa y buscó su coche. Se
estaba mojando y tenía prisa. Aquel día su jefe había estado más
impertinente que de constumbre. Aquel proyecto se le había
atragantado, no había forma de terminar aquello cuando le cambiaban
constantemente lo que querían que hiciera. Abrió su audi y se miró
las gotas de lluvia en el traje. Su iphone último modelo pitó en el
bolsillo, no podía soportar ni un solo correo electrónico más. Lo
sacó y lo tiró en el asiento de atrás sin miralo. Arrancó y puso
la radio. Se miró y por tercera vez esa semana hizo el planteamiento
de ponerse a dieta, quería llegar a su casa, encargar una pizza y
tumbarse en el sofá. Acababa de volver de Punta Cana, pero de ese
viaje solo le quedaba un bonito color tostado. Volvía a estar en el
mismo sitio y en la misma vida que le horrorizaba. Tenía que seguir
ese ritmo, no podía parar, el estilo de vida en el que estaba metido
le hacía ser dueño de muchas cosas, salvo de sí mismo. No
escuchaba la radio, se saltó un semáforo de rojo y oyó un pitido y
vió un gesto obsceno que repitió. Llegaría a casa pero su mujer no
estaría, tampoco le importaba demasiado, hace tiempo que apenas se
hablaban. Su hijo solo se comunicaba con las máquinas. El se había
convertido en un mero proveedor de recursos económicos. Mañana
echaría gasolina, hoy estaba demasiado frustrado. Un whisky y un
par de pastillas anestesiarían su conciencia y sus nervios...
Y no cantaba,
porque era cualquier cosa menos feliz, porque su voz no podía unirse
con ninguna otra, la paz era un concepto desconocido en su vida y no
solo era el amo de su propias miserias.
¿En qué nos
hemos convertido ?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)